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Introducción

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La expansión de lengua y cultura pueden explicarse por dos modelos de difusión alternativos: la difusión démica, que supone un movimiento en masa de gente; y la difusión cultural, que se refiere al impacto cultural entre poblaciones, y supone un intercambio limitado entre ellas. La transferencia lingüística parece estar asociada desde tiempo antiguo a la expansión de gente[Mikhailova 2015], que de demuestra, en muchos casos, por un reemplazamiento significativo del ADN-Y patrilineal. La investigación de haplogrupos ADN-Y ayuda a demostrar p.ej. la expansión del pueblo han en el norte y sur de China[Wen et al. 2004][Zhao et al. 2015], y la expansión de los árabes en la península arábiga[Chiaroni et al. 2010] y en el sur del Levante mediterráneo y el norte de África[Nebel et al. 2002]. Recientemente, la historia genética de Europa – incluyendo la expansión de cazadores-recolectores y agricultores – ha sido descrita de forma más precisa gracias a la investigación de ADN antiguo[Fu et al. 2016].

La reciente expansión de ganaderos eurasiáticos en Europa y Asia, comúnmente identificada con hablantes de indoeuropeo en modelos de difusión mayoritarios[Gimbutas 1993][Mallory 2014], fue vinculada al haplogrupo R1a[Semino 2000][Wells et al. 2001][Zerjal et al. 1999] debido a la correlación de su distribución geográfica moderna con la cultura antigua de la cerámica cordada, y las áreas de habla moderna baltoeslava, germana e indoirania[Mirabal et al. 2009][Underhill et al. 2010].

El haplogrupo R1b, que muestra una distribución moderna europea occidental con picos en las islas británicas y alrededor de las regiones de habla históricamente vasca[Myres et al. 2011][Lucotte 2015], se asoció hasta hace bien poco con un origen paleolítico europeo occidental[Morelli et al. 2010][Semino 2000]. Debido a estimaciones de edad cada vez más recientes del haplogrupo R1b en Europa, se propuso una expansión con la agricultura[Myres et al. 2011][Chiaroni, Underhill, and Cavalli-Sforza 2009][Cruciani et al. 2011][Balaresque et al. 2010].

Siguiendo estos esquemas genéticos, las lenguas indoeuropeas se habrían expandido con una población oriental (de la cultura de la cerámica cordada), invasiva, dominada por el haplogrupo R1a, hablantes de indoeuropeo, que invadió una población occidental europea (la cultura del vaso campaniforme), de habla no indoeuropea, dominada por el haplogrupo R1b. Esta conexión era el enlace más débil entre los paisajes arqueológico (supuesto) y lingüístico (atestiguado históricamente) europeos, necesitando de modelos explicativos que incluían algún tipo de modelo difusión cultural – p.ej. basado en tecnología o en economía[Brandt et al. 2015].

La investigación del ADN antiguo (ADNa) nos ayuda a desenmarañar la compleja historia humana[Slatkin and Racimo 2016]. La investigación más reciente de genética antigua[Haak et al. 2015][Allentoft et al. 2015][Mathieson et al. 2015], que se ocupa de movimientos generales de eurasiáticos en dirección occidental desde la estepa, ha mostrado con sus datos publicados que el haplogrupo R1b estaba prácticamente ausente de Europa occidental hasta la expansión de los ganaderos euroasiáticos, y que el origen de la mayoría de sus descendientes modernos en Europa occidental debe localizarse en las estepas póntico-cáspicas, y por tanto que su expansión hacia Europa central sucedió en un tiempo similar al del haplogrupo R1a, es decir desde el este y después de ca. 3000 a.C.[Haak et al. 2015]. En estos estudios, R1a estaba casi ausente de muestras del horizonte Yamna, perteneciendo la mayoría al haplogrupop R1b-M269.

El vínculo lingüístico más temprano entre los haplogrupos R1b y R1a, considerado hasta hace poco una difusión cultural en la zona de contacto de cerámica cordada - vaso campaniforme (y después entre grupos del campaniforme), parece por tanto ser contestada por las últimas investigaciones genéticas. Sin embargo, se siguen buscando explicaciones alternativas para adaptar antiguos paradigmas a la nueva investigación, sugiriendo una conexión directa de la expansión de lenguas indoeuropeas con la de la cerámica cordada[Allentoft et al. 2015], y así de R1a como marcador genético de la expansión de hablantes protoindoeuropeos en Europa[Horvath 2015].

Referencias

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